Días 1 y 2
La aventura está a punto de comenzar:
Nos reuniremos todos los miembros del grupo en el aeropuerto y, aunque ya nos habremos conocido por nuestro grupo de Whatsapp y las diferentes videollamadas previas al viaje, esta será la primera vez que nos encontremos en persona para darnos un gran abrazo.
¡Solo falta pasar los pertinentes controles de seguridad, acomodarse en el avión y despegar!
¡Bienvenidos a Gambia!
A nuestra llegada (por la tarde-noche) nos recogerán en transporte privado para llevarnos directamente a nuestro alojamiento, situado en una humilde aldea rural, donde Abdulay y su familia dirigen un campamento con cabañas bien equipadas de auténtica construcción africana.
Arranca la aventura: así se vive Gambia
Empezamos en el mercado de Brikama, un hervidero de vida donde todo sucede a la vez: regateo, saludos, gritos, gente que va y viene cargando sacos y cestas… Aquí no hay prisa, pero todo fluye con una energía contagiosa. Nos perderemos entre puestos de frutas, telas, carnes, pescado y especias, observando… y quién sabe, quizá probando algún bocado nuevo.
Cambiamos el ajetreo por el verde del área protegida más antigua del país. Caminaremos entre senderos de vegetación densa, con la posibilidad de cruzarnos con monos, aves exóticas e incluso algún cocodrilo escondido en las aguas tranquilas del parque. Un respiro fresco para darle una pausa al calor.
A pocos minutos, nos espera el mercado de ganado más grande de Gambia. Aquí, los tratos se cierran con un apretón de manos, y el sonido de cabras, ovejas y vacas marca el ritmo de la mañana. Es un lugar donde la tradición sigue viva y donde, más que mirar, seremos testigos de la vida diaria sin filtros.
Disfrutaremos de una comida en una especie de taberna fabricada en madera rodeada por manglares, desde una altura donde las vistas a la vegetación y al río quedan bajo tus pies. Un momento para parar, compartir y dejar que el día vaya tomando forma en la memoria.
Por la tarde regresaremos al campamento y desde allí daremos un paseo de unos 40 min (3 km), para llegar a uno de nuestros rincones preferidos de Gambia: una playa entre manglares que cuando baja la marea se detiene el flujo de agua, lo que nos permite darnos un chapuzón en el río y contemplar nuestro primer atardecer.
El viaje ya ha comenzado de verdad.
Días 3, 4 y 5
Rumbo a la Gambia más profunda
Nuestra primera parada será en Fass Chamen School, donde conoceremos de cerca un bonito proyecto educativo impulsado junto a la ONG Correcaminos Solidarios. Seguimos rumbo al interior y nos detenemos en mercados que son un hervidero de colores, olores y sonidos donde se cruza la Gambia urbana con la rural.
Continuamos hacia una isla en el río que contiene a la antigua capital colonial del país, con un dramático pasado en relación con la venta de esclavos, donde tomaremos un ferri para cruzar el río y visitar algunas aldeas locales de etnia Fula.
Nuestra jornada culmina con una experiencia inolvidable: navegaremos por el Parque Nacional del Río Gambia en busca de chimpancés, babuinos, hipopótamos, cocodrilos y una gran diversidad de aves. Un encuentro con la vida salvaje en su estado más puro y en libertad. En nuestro alojamiento nos podremos tomar una cerveza disfrutando del atardecer mientras, literalmente, te remojas los pies en las aguas de este imponente río.
Historia, misterio y manglares
Viajamos al pasado en Wassu, uno de los enclaves arqueológicos más antiguos y misteriosos de Gambia, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Sus círculos de piedra, envueltos de un aura mística con más de 1.200 años de historia, nos hablan de antiguas civilizaciones, tumbas de reyes y rituales aún por descifrar.
La siguiente parada nos depara una travesía especial por los manglares en un laberinto natural de canales estrechos donde el agua refleja el verde intenso de la vegetación y el silencio solo se rompe con el aleteo de garzas, pelícanos, martines pescadores y cigüeñas. Con algo de suerte, podremos ver cocodrilos, monos e incluso delfines de río surcando estas aguas.
Terminamos el día con la sensación de haber recorrido siglos de historia y de habernos dejado envolver por la belleza intacta del río y sus paisajes.
De vuelta al campamento, con el río como testigo
Tras días intensos, ponemos rumbo a un pequeño pueblo donde la vida tranquila gira en torno al río y su muelle. Paseamos sin prisa, vemos a los pescadores en acción y disfrutamos de una comida en un local con mucho encanto donde el restaurante y las cabañas flotan sobre el río.
Más tarde, si hay disponibilidad, podremos dar un paseo en bicicleta o en kayak por el mayor afluente del río Gambia, que baña la costa de este pueblo.
Por la tarde, regresamos al campamento para reencontrarnos con la familia de Abdulai y compartir historias y anécdotas de nuestra aventura por el interior del país. Una buena charla y un poco de descanso antes de terminar el día.
Día 6
Reptiles sagrados, historia y vida cotidiana en la capital
Comenzamos el día en uno de los lugares más singulares de Gambia: una laguna sagrada que alberga a más de 100 cocodrilos, algunos de ellos albinos, que generalmente descansan en una profunda siesta tras su comida. Si se encuentran en su fase de digestión, ¡podrás acercarte con cuidado y tocarlos! Además de ser un santuario de reptiles, el lugar está vinculado a rituales curativos y de fertilidad, siendo considerado por muchos como un sitio de gran poder espiritual.
Antes de llegar a la laguna, haremos una visita al pequeño museo local, que ofrece una visión única de la historia de Gambia, desde su independencia hasta la actualidad. Descubriremos objetos que reflejan las costumbres y tradiciones de los pueblos gambianos, como instrumentos musicales, vestimentas tradicionales y máscaras, junto a fotografías que documentan su evolución cultural.
Después nos dirigiremos a Banjul, la capital del país, un lugar lleno de vida y color. Recorreremos el Albert Market, un mercado vibrante y bullicioso, donde los comerciantes ofrecen una increíble variedad de productos, y el ajetreo de la ciudad se siente en cada rincón. Subiremos al imponente arco de entrada que da la bienvenida a la ciudad para disfrutar de una panorámica espectacular de Banjul, el río Gambia y el océano Atlántico, todo en un solo vistazo.
Por la tarde, regresaremos al campamento para bañarnos en el río, mientras observamos cómo las mujeres de los pueblos cercanos regresan en sus canoas tras una jornada de recolección de ostras en los manglares.
Día 7
Serekunda, su agitada vida local y la selva costera en Gambia
Hoy nos perderemos en el Serekunda Market, el mercado más grande y bullicioso de Gambia, en el núcleo de su ciudad más poblada. Aquí todo se multiplica: más calles repletas de vida, más colores, más aromas y más sonidos que nos envuelven en una atmósfera vibrante. Encontraremos desde verduras frescas hasta pescados y carnes, además de una increíble variedad de especias y productos locales, sin olvidarnos de las telas africanas, cuyos estampados llenos de color visten a la mayoría de las mujeres gambianas y senegalesas en sus elegantes trajes tradicionales.
Visitaremos también la «fábrica» de telas batik. En el patio de una escuela, adultos y niños colaboran juntos creando esas impresionantes telas pintadas a mano, siguiendo una técnica ancestral. Los niños aprenden el proceso de dibujo y teñido, dando vida a auténticas obras de arte que luego se venden para financiar la escuela y mejorar sus condiciones. Un ejemplo inspirador de creatividad y autosuficiencia.
Por la tarde, nos adentraremos en un santuario de vida silvestre inmerso en un bosque de palmeras y grandes árboles que se funden con las dunas de arena junto al mar. Podremos observar especies como el colobo rojo de Temminck, el mono de patas Campbell y el simpático mono verde.
Al atardecer, regresaremos al campamento, con una visita a los pueblos cercanos. Si el tiempo y la luz lo permiten, podremos recorrerlos a pie, disfrutando de la tranquilidad del camino y del contacto directo con la gente local.
Días 8 y 9
¡Rumbo a la costa! Déjate impresionar por su espectáculo pesquero
Dejamos atrás nuestro campamento para dirigirnos a la costa atlántica. Aquí no encontraremos los lujos innecesarios de los resorts cercanos a la capital, pero sí el encanto de lo auténtico a pie de playa y un refugio de tranquilidad frente al océano.
En el camino, visitaremos una escuela apoyada por la fundación ITTGambia, donde conoceremos sus proyectos de educación, ambientales, empoderamiento de mujeres y programas de apoyo para adolescentes. Conversaremos con su director, quien nos explicará el funcionamiento del sistema educativo y nos guiará por las instalaciones. ¡Tienen hasta un horno tradicional donde cuecen los panes del día!
Al llegar a la costa, presenciaremos uno de los mayores espectáculos de Gambia: el regreso de las barcas con la pesca del día. Decenas de cayucos de colores se alinean en la orilla mientras los pescadores descargan su captura entre gritos, risas y el incesante ajetreo del mercado situado en la misma playa. Nos sumergiremos en su caos, recorriendo también el pequeño pueblo repleto de puestos donde el pescado se ahúma para ser distribuido a cualquier rincón del país.
Arena, sol y la creatividad de los artesanos
La mañana nos regalará un respiro frente al Atlántico. Podremos caminar por la interminable playa de arena blanca, observar las barcas cerca de la costa donde los pescadores siguen faenando, disfrutar de un zumo de fruta recién elaborado…
Después de comer visitaremos un mercado de artesanía local con todo tipo de artículos de madera hechos a mano. Los vendedores son también quienes elaboran sus productos justo delante de su puesto. Si se te da bien el regateo será el momento de demostrar tu destreza, y si no, saldrás de aquí hecho un especialista.
De vuelta al campamento daremos un paseo por los alrededores para presenciar otro bonito atardecer entre baobabs y pasar nuestra última noche en Gambia.
Día 10
Hasta pronto, Gambia
Nuestro último día en Gambia amanecerá tranquilo, con el ritmo pausado que solo se consigue después de un viaje tan intenso. Pasaremos la mañana en el campamento, disfrutando de los últimos momentos en este rincón que ha sido nuestro hogar. Será el momento de compartir anécdotas, revivir experiencias y dejar que los recuerdos empiecen a tomar forma.
Cuando llegue la hora del traslado al aeropuerto, nos despediremos de nuestros magníficos anfitriones, con la certeza de que este viaje no solo nos ha llevado por caminos desconocidos, sino que también ha dejado huella en nosotros. Porque, de algún modo, una parte nuestra se quedará en este lugar.